La ordenanza de la esperanza

 La ordenanza de la esperanza

No solo la economía, sino principalmente nuestra supervivencia y nuestro bienestar, dependen íntimamente de la naturaleza. Diversa y dinámica, a veces generosa, otras veces implacable, la naturaleza contribuye a nuestra calidad de vida a través de bienes y servicios que nos ofrece, tales como alimento, medicamentos, combustibles, materiales de construcción, regulación del clima y del agua, y oportunidades para vivir experiencias recreativas, deportivas, artísticas, educativas y científicas.

Sin embargo, en mayor o menor grado y con distintos niveles de responsabilidad, la humanidad está perjudicando a la naturaleza. Nuestro ideal de progreso y desarrollo se basa en un crecimiento de la población y de la economía ilimitado, infinito, en base a recursos naturales y bienes comunes que se van acabando sino se renuevan.

Así, hoy somos testigos de una crisis ambiental global que está llegando a un punto irreversible. Cambio climático, destrucción de hábitat, contaminación, sobreexplotación de recursos naturales, pérdida de biodiversidad e invasiones por especies exóticas, son todas consecuencias del crecimiento demográfico acelerado, el extractivismo, la producción industrial y el consumismo. La desigualdad en la distribución de los beneficios que provienen de la naturaleza agrava la situación social y económica. Y si todo esto no cambia, seremos también testigos del colapso: una pérdida abrupta y acelerada de la calidad de vida, y un aumento de los conflictos sociales.

Debemos actuar ahora, cada uno desde su lugar, para mitigar y, si es posible, revertir esta situación.

Desde la década del 70, los Jefes de Estado de todo el mundo se vienen reuniendo para discutir estas cuestiones. Persuadidos por movimientos sociales, los pueblos originarios y la comunidad científica, han acordado y aprobado tratados internacionales, protocolos y convenios que en resumen dicen lo siguiente: que EL DESARROLLO SOCIAL Y EL DESARROLLO ECONÓMICO DEBEN ESTAR INTEGRADOS AL CUIDADO DE LA NATURALEZA, y que DEBEMOS SATISFACER NUESTRAS PROPIAS NECESIDADES SIN COMPROMETER LA CAPACIDAD DE SATISFACER LAS NECESIDADES DE LAS GENERACIONES FUTURAS.

La Ordenanza para crear la Reserva Natural Urbana Quilque Lil es una oportunidad única para mitigar y revertir la crisis ambiental no solo local, sino también global, contribuyendo al desarrollo social y económico de nuestro pueblo.

Fuente: Amigos de Quilque Lil

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